lunes, 7 de enero de 2008

Exaltación final del Monte de El Pardo, por Ernesto Giménez Caballero

Gracias a Diego Ponce podemos insertar esta entrada. Ernesto Giménez Caballero publicó en 1932 la primera edición de Genio de España. Exaltaciones de una resurreción nacional. Y del mundo. En este libro aparecía un capítulo titulado "Exaltación final del Monte de El Pardo" en el que aquí reproducimos algunos pasajes:

"Termino este libro de exaltaciones española -simbólicamente y comos sin querer- un atardecido del Corpus, sobre el monte madrileño de El Pardo.

Os confieso que el monte de El Pardo ha sido siempre como mi monte Tabor, siempre una incitación para mis transfiguraciones más íntimas y líricas.

Enraizado a esta tierra de El Pardo -encinas, cérvidos, sierra azul, olor a romero, a río y a pólvora de cacerías velazqueñas-, enraizado a esta tierra de El Pardo por parentesco de sangre y famliar, siempre lo he considerado como el generatriz de mi ser, de mi alma y de mi poesía, como si en él residiese el mejor genio de mi casta.

Y así es. Contemplando estoy la ermita del Cristo, famoso Cristo de El Pardo, yacente en urna de crista, y entre tañer de campanas conventuales, Cristo rodeado de encinas. Y su cuerpo exangüe dominando el Palacio que construyó el César hispánico Carlos V. Palacio de pizarras, palacio germánico que antecedió a El Escorial en intención y grandeza.

A mí me ha placido siempre más la exaltación de este monte de El Pardo que la de El Escorial.

El Escorial es un sucedáneo de El Pardo. El Pardo es el monte matricular de España, donde se cuajó la realeza, la monarquía y el imperio de España.

El Pardo es el Madrid medieval y feudal, corrido por monteros y caballeros del Rey cuando la monarquía luchab aún con el moro y no tenía aún Corte exacta, residencia real fija; cuando la capital de España era aún campamental, trashumante.

Este Real Sitio de El Pardo es el antecedente de El Escorial.

Como El Escorial lo es de Aranjuez y de La Granja.

Y todos ellos -con las ciudades viejas y castellanas de Toledo, Segovia, Valladolid y Ávila-constituyen la egregia corona de Madrid. Madrid, esto es: una corona de ciudades preciosas, con las gemas de los Reales Sitios. (Por eso la caída de la Monarquía implica automáticamente la caída de Madrid. Y si Madrid no vuelve a la villa y el madroño, casi al municipio, es porque le salva aún la Burocracia, o sea el último refugio de una ciudad capitalicia que es la burocracia , el madriguerismo.

Piénsese que Madrid tiene un valor geométrico y político. Y no un valor natural, como Londres, París, Roma.

Por eso -desde este mi Tabor de El Pardo-, en este atardecido del Corpus veo a este Cristo que simboliza toda el alma cristiana, dolorida, abnegada y humilde de España. Junto a la sombra del César, que cabalga en aquel caballo que Tiziano le pintara un día. (Sobre el cielo, la estrella hesperal, la estrella histórica y augurante del César, la de Hesperia, la de España.)

Veo a Carlos V (...) con sus ojos color de lago y avidez de águila cabalgando entre encinas, encinas jupiterinas, árboles de Júpiter, árboles cesáreos. Cabalgando para cuerpo exangüe y moreno de este Cristo.

Veo al César pugnando por la Cruz.

Y esta visión estremecida, cuajada entre rumor de encinas y doblar de campanas, me hace pensar en que los oráculos de Grecia reconocían la llegada de la divinidad genial justamente porque las encinas susurraban y los bronces vibraban.

Por eso en este Tabor de mi Pardo siento que algo profético y delirante me asciende desde las entrañas de esta tierra, que son mis propias entrañas. (...)"

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