miércoles, 9 de enero de 2008

Dos poesías de Góngora

Luis de Góngora como poeta de la Corte de Felipe IV escribió dos poesías relacionadas con El Pardo.


Esta primera poesía está dedicada a Felipe IV y a Isabel de Borbón que tras su boda realizada en 1615, cuando él contaba con 10 años y ella 12, vinieron a vivir al Palacio de El Pardo.

DEL REY Y REINA NUESTROS SEÑORES EN EL PARDO, ANTES DE REINAR

"Dulce arroyurelo de la nieve fría
Bajada mudamente desatado,
Y del silencio que guardaba helado
En labios de claveles se reía.

Con sus floridos márgenes partía
Si no su amor Fileno, su cuidado;
No ha visto a su Belisa, y ha dorado
El sol casi los términos del día.

Con lágrimas turbando la corriente,
El llanto en perlas coronó las flores,
Que ya bebieron en cristal de risa.


Llegó en esto Belisa,
La alba en los blancos lirios de su frente,
Y en sus divinos ojos los amores,

Que de un casto veneno
La esperanza alimentan de Fileno."


Y la segunda poesía era habitual que los artistas cantaran las hazañas de los reyes. También Velázquez pintó cabezas de ciervos que mató el rey:

DE UN JABALÍ QUE MATÓ EN EL PARDO EL REY NUESTRO SEÑOR

"Teatro espacïoso su ribera
El Manzanares hizo, verde muro
Su corvo margen, y su cristal puro
Undosa puente a Calidonia fiera.

En un hijo del Céfiro la espera
Garzón real, vibrando un fresno duro,
De quien aun no estará Marte seguro,
Mintiendo cerdas en su quinta esfera.

Ambiciosa la fiera colmilluda,
Admitió el asta, y su más alta gloria
En la deidad solicitó de España.

Muera feliz mil veces, que sin duda
Siglos ha de lograr más su memoria
Que frutos ha heredado la montaña."


2 comentarios:

Manvcicvm dijo...

Mentira parece que estos ilegibles ripios hayan salido de la misma pluma que escribió Déjame en paz, amor tirano. (http://luis.salas.net/index20.htm)

Lo mismo puede decirse del artículo de Cela. Sin duda, D. Camilo no hubiera alcanzado la gloria literaria, ni el premio Nobel, con escritos como ese del jabalí, colgado en este mismo blog hace algunos días.

Cuando se escribe a sueldo, o por contrato, pueden ocurrir estas cosas. Pero, como bien decía D. Camilo, hay que comer todos los días, y caliente si es posible.

Parece que nuestro amado encinar no siempre es capaz de inspirar a los poetas...

Diego Ponce dijo...

Coincido con Manucicum: el Déjame en paz, amor tirano es excelente. Yo lo escuché por primera vez en boca de Paco Ibáñez, a mediados de los 70, y desde entonces es uno de mis favoritos. Y, aparte de que me guste el poema, me solidarizo con los sentimientos del autor.