sábado, 1 de septiembre de 2007

El Pardo en la Enciclopedia Espasa

La Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana Espasa-Calpe, popularmente conocida como la Espasa, incluía en la edición de 1920 un artículo sobre El Pardo que por su interés reproducimos aquí (transcripción de MSM):

"EL PARDO. Municipio del partido judicial de San Lorenzo de El Escorial, provincia y diócesis de Madrid, al norte de éste y a la izquierda del río Manzanares, a 15 kilómetros, por carretera, de la Puerta del Sol y a 8 de la de Hierro; 622 metros sobre el nivel del mar. Cuenta, aproximadamente, 2.100 habitantes. De ellos deben restarse 700, acogidos en los Asilos, y unos 200, diseminados por el término municipal, que no dependen del Real Patrimonio. Queda, pues, una población de 1.100 y pico que viven de la Real Casa: empleados, propiamente, servidores, jornaleros y otros dependientes indirectos.
Componen el Ayuntamiento el Alcalde y ocho Concejales. El caserío, a más del Palacio Real, lo forman la Casa de Infantes, Pabellones militares, Asilos, Cuartel de Boyerizas, ocupado actualmente (junio de 1919) por el Regimiento de Ingenieros de Telégrafos, otro de nueva planta en construcción y 30 casas de propiedad particular. El resto de las fincas urbanas pertenece al Real Patrimonio.
Tiene el pueblo tres Escuelas de Instrucción primaria, de niños y niñas, ambas municipales, y otra de niñas en el Convento de monjas Concepcionistas, gratuitas todas. Hay el El Pardo una fonda-restaurant de La Montaña y dos casas de huéspedes: La Zamorana y La Madrileña; precios convencionales. Comunicaciones: Telégrafos, Teléfonos y Correos.
Suprimido recientemente el ferrocarril -tranvía de vapor- que fue ruinoso para la empresa que lo explotaba, la comunicación con Madrid por muy buena carretera es, sin embargo, difícil e incómoda, por tenerse que servir de la mal llamada diligencia, que emplea una hora desde Puerta de Hierro a El Pardo, 8 kilómetros, por los que abona el viajero 1,50 pesetas ida y vuelta. Este vehículo, capaz de 12 asientos en el interior y 6 en la baca, hace tres viajes diarios. Es triste que pueda repetirse hoy lo que decía Don Federico Fallosa en su Proyecto de Ferro-carril de Madrid al Real Sitio de El Pardo, presentado a S. M. el Rey D. Alfonso XII (Ms. Real Biblioteca): "De todos los Sitios Reales de Europa el de San Ildefonso y el de El Pardo solos, no están todavía en comunicación con las respectivas Capitales de las Monarquías, por medio de Ferro-Carriles."

Considerado años atrás El Pardo como Sanatorio, en particular para tuberculosos, desde que el Ayuntamiento y la Junta de Sanidad local dispusieron que los enfermos ocupasen locales señalados previamente, disminuyó mucho la concurrencia de aquellos individuos procedentes de Asturias, en su mayor parte. Por tal causa desapareció en El Pardo la industria de alquiladores de burros para transportar a los pacientes al monte. En cambio aumentó durante el verano el concurso de familias de Madrid. La creación en el pueblo de una Cooperativa de Consumos, de la que es socio Su Majestad el Rey Don Alfonso XIII ha facilitado extraordinariamente la vida en el Sitio.

El Pardo, residencia de invierno de los Monarcas Españoles, es ante todo y sobre todo, un magnífico monte de caza; luego un gran palacio; dos, mucho más pequeños, , y varias otras edificaciones, diseminadas por el bosque; una valiosísima colección de tapices; un campo de experimentación y desarrollo de cultivos agrícolas, que se debe a la exclusiva iniciativa de Don Alfonso XIII, y, por fin, a más de unos famosos Asilos de Mendicidad, el mejor paseo de las cercanías de Madrid, para automóviles, bici y motocicletas que recorren constantemente la bien cuidada carretera, desde la Capital de la Monarquía al Real Sitio. Es de esperar que muy pronto se prolongue, hasta allí, el tranvía eléctrico que muere hoy en Puerta de Hierro, construida en 1753, reinando Fernando VI, cuyo nombre lleva, y que constituye la entrada principal de la finca regia. A la derecha de la puerta, arranca una cerca de mampostería de 2 metros y medio de altura por 80 centímetros de espesor, que rodea toda la propiedad en extensión de 99 kilómetros.

Bosque, Palacios y demás edificaciones principales de El Pardo.
Se compone aquél de encinas, alcornoques, jaras tal cual, robles y en las vegas, fresnos, juncales, unos pocos chopos y negrillos. En los jardines de La Quinta y de La Zarzuela hay algún que otro árbol notable como es la wellingtonia plantada enfrente de la fachada posterior de este palacio, en el reinado de Don Amadeo I, ejemplar que puede hombrearse hoy con los árboles de la misma familia que se ven delante del Museo Nacional de Pinturas. "La cerca de los Bosques de El Pardo, incluyendo los de Viñuelas (castillo y monte propiedad actualmente del Duque del Infantado), el territorio de la Real Quinta, vulgarmente llamada del Duque del Arco y los del Sitio de La Zarzuela, se dice que pasa de 20 leguas" (Ponz, Viaje de España).

El Pardo fue en las edades Media y Moderna, y sigue siéndolo, el primero y más importante coto de caza mayor y menor de los Reyes de España. Confina al norte con Colmenar Viejo, al noreste con Alcobendas y San Sebastián de los Reyes, cuya población se componía, casi en su totalidad, de dependientes del Patrimonio de la Corona, al sur con Madrid, suroeste Aravaca y Las Rozas, oeste Hoyo de Manzanares y Torrelodones. Argote de Molina designa, en el Libro de la Montería, especialmente, la clase de caza que abundaba en cada paraje del bosque, y hasta en qué dirección se daban las batidas. Así, dice: "El Monte de Zarzuela es buen monte de Puerco en la Otoñada e son las bocerías, la una por el camino que va de la Zarzuela a Villa Manta e la otra desde Villa Manta por el camino que va a Perales fasta Valde Tablas...".

Está dividido todo el Monte de El Pardo en 20 cuarteles y en ellos hay enclavadas 26 casas de piedra, espaciosas y de sólida fábrica, vivienda de los guardas bajo las órdenes del Mayor. Son 42 y 4 celadores, plazas montadas todos ellos; visten americana castaña con vivos y cuello rojo con corona bordada en plata, pantalón con media bota y sombrero de ala ancha con presilla de aquel metal; llevan sable, carabina y bandolera. La extraordinaria importancia del magno cazadero fue parte, como recuerda muy bien el Sr. Tormo en su Guía, para que se dictaran diversas Ordenanzas incorporadas algunas en la Novísima Recopilación. "Se amparaba el privilegio de la caza, extendiéndose la reglamentación apretadísima del vedado, por fuera de las propiedades reales, a un perímetro en que entraba el caserío de Madrid"... Las telas para contener a las reses perseguidas por los ojeadores se ponían hasta junto al Campo del Moro, al pie del mismo Alcázar de Madrid.

Palacio. De la importancia del mismo en todo tiempo, aun haciendo las prudentes rebajas, puede juzgarse por lo que dice Argote: "La Real Casa del Pardo, cuya majestad, grandeza y curiosidad tiene admirados a todos los Príncipes extranjeros y le tienen por el mejor que hoy se sabe en el Universo."
Enrique III, que disipaba en El Pardo sus frecuentes murrias, mandó edificar la primera casa en 1405. Demolida ésta, Carlos I dispuso la reconstrucción, realizándose en 1547, sin que llegase el Emperador a ver el nuevo palacio, alzado conforme a los planos y dirección del arquitecto Luis de Vega, autor también del de Balsaín o Valsaín. A Felipe II se deben, según Tormo, las cubiertas de pizarra y los emplomados exóticos, para cuyas obras, en varios de los reales palacios, se hicieron venir oficiales flamencos y plomos ingleses. El mismo rey adornó interiormente la morada con magníficas obras de arte. "En la primera Sala alta se ven muchos tableros y Lienzos de pintura; sobre la puerta está pintado al óleo de mano del gran Ticiano, Júpiter convertido en sátiro, contemplando la belleza de la hermosa Antiopa, que está dormida". "De mano de Hieronimo Bosco, pintor de Flandes, famoso por los disparates de su pintura, se ven ocho tablas." Esta Antiopa (Antíope) que mienta Argote, impropiamente conocida por La Venus del Pardo, regalada luego por Felipe IV al Príncipe de Gales, futuro Carlos I de Inglaterra, figura hoy en el Museo del Louvre, en París.
En la "Sala Real de los Retratos, por lo alto della, metidos en sus frisos dorados", sigue refiriendo Argote, "se veían 47 de príncipes, Damas y Cavalleros, obras de Ticiano, Antonio Moro, Alonso Sánchez Coello, Lucas de Heere y Sofonisba Anguisciola". Entre tales retratos figuraba el de Ticiano, ejecutado por el propio artista, teniendo en sus manos otro de Felipe II. "El aposento de la Camarera estaba pintado al fresco de mano de Becerra" (subsiste), "natural de Baeza, cuyo pincel igualó a los mejores" y el Bergamasco y Cincinato realizaron también en el palacio otras obras de colorido y de estuco. "La casa es de figura cuadrada y en las esquinas della cuatro torres con rico ventanaje, y en lo alto de cada una sus chapiteles y harpones, y en torno una ancha cava" (el foso que aún existe) "y en el fondo della muchos compartimentos, vasos y macetas de yerbas medicinales y flores estrañas, traídas con mucha curiosidad de diversas regiones, adornadas las paredes de la cava con jazmines, yedra y rosas, y en cada esquina una fuente de agua que por mascarones de piedra sale." "Debajo de los puentes" (para salvar el foso) "están dos aposentos, con sutiles redes de alambre defendidos, donde gran número de pajaricos, con dulce y concertada armonía, hacen aquel lugar más agradable." En el gran incendio del 13 de marzo de 1604, que destruyó buena parte del palacio, se perdieron muchos de los famosos retratos, no todos, como aseguran varios autores, pues en colecciones y Museos ha podido comprobar Tormo la existencia de algunos. Felipe III mandó reconstruir el edificio al año mismo del fuego, presupuestada la obra en 80.000 ducados y dirigida por Francisco de Mora, el mismo que sucedió en El Escorial a Herrera.

De cómo se encontraba el palacio en tiempos de Felipe IV, puede dar cabal idea la vista de la página 1.427, fotografiada de un lienzo de aquella época, existente en la actualidad en el Instituto Valencia de Don Juan, de Madrid. También en el Real Palacio de Madrid se ve otro cuadro al óleo, que representa el de El Pardo muy semejante al del Instituto, por el asunto y el tamaño. Cuelga en el pasillo que va desde la portería de la Inspección a Mayordomía Mayor. De que la inmediata Casa de Oficios se construyó en tiempo del Emperador, da cuenta, sobre la portada que mira al oeste, la siguiente inscripción:
CAROLUS V : ROM : IMP : REX

Aquel edificio, alojamiento para la servidumbre de Sus Majestades y Altezas Reales, mide, según la Guía Jorreto, "152.880 pies superficiales. En el principal tiene 65 habitaciones, 52 en planta baja, 47 en las buhardillas, y 9 puertas en las 4 fachadas".
Carlos III amplió el palacio, en 1772, dirigiendo las obras Francisco Sabatini, arquitecto ingeniero. La vasta fábrica, salvo sucesivas obras de reparación y mantenimiento, conserva el aspecto general de la última reforma. Severo, seco, al exterior, el palacio, que es Castilla, se alza tristón entre las faldas de las colinas, a la orilla izquierda del Manzanares, ceñido por el foso y con un jardín al frente, "que mandó plantar nuevo Fernando VII" (Tormo). Ni el espacio de que disponemos para tratar de El Pardo, en conjunto, ni lo que nos resta por apuntar de todo él, nos permiten extendernos en pormenores relativos al interior del palacio. Para quien se proponga formar idea más completa, que la que puede sugerirle la vista de la fachada principal que dimos antes y lo ya expuesto, o quiera visitarlo personalmente, el Sr. Tormo, con su Cartilla, le proporciona un guía competentísimo y seguro. Muchas otras noticias puede espigarlas el lector curioso consultando los textos que se le ofrecen en la bibliografía, al final del presente artículo. La colección de tapices constituye lo más interesante del palacio. "La componen 378 piezas, no catalogadas nunca, incluyendo las sobrepuertas y rinconeras a veces estrechas: todos los ejemplares se encuentran en perfecto estado de conservación, lo que sorprende a los inteligentes nacionales y extranjeros. Se debe, a no dudar, al clima y a la atención y cuidado que se presta a la artística riqueza" (Tormo, Cartilla).
Los documentos inéditos del Archivo General de la Real Casa y Patrimonio, que para los tapices de Goya aprovechó, en parte, D. Gregorio Cruzada Villaamil, en 1870, han servido (junio de 1919) al Señor Tormo para la redacción de su preciosa Cartilla. Con ella en la mano, resultará siempre sumamente interesante y fructífera la visita del palacio, apreciándose en ella, al pormenor y en la totalidad, el mérito de las pinturas de techos, escaleras y salones, y los tapices de Goya, La Calleja, imitaciones de Teniers, González Ruiz, R. Bayen, Anglois, Procaccini y Saui, etc, etc. que cubren los muros de las 53 salas descritas en la Cartilla. La 18, pieza en la que falleció el Rey D. Alfonso XII, fue convertida en oratorio (1898) con retablo pintado por Alejandro Ferrant y vidrieras de la casa Maumejeau, que representan los Santos de aquel monarca y de sus dos mujeres.

Los muebles del palacio son, en gran parte, de estilo Imperio, las sederías principalmente de Talavera, y del Retiro las porcelanas, "no culminantes" en opinión del Sr. Tormo.

Contigua al palacio, con tribunas al servicio de los Reyes, está la que, construida en tiempo de Felipe V, fue exclusivamente Capilla Real y reedificada luego, por haberla destruido un incendio, se convirtió en Parroquia de la población en virtud de Breve del 8 de abril de 1877 (Madoz).

Casita del Príncipe. Este precioso pabellón, de un solo piso, al norte del palacio, consta de ocho habitaciones con esculturas, tapicerías, mármoles costosos, varios techos pintados, sedas valencianas, notables tallas y bordados, como los de un gabinete, en cuyos muebles se reproducen asuntos de las "Fábulas de Samaniego", atribuyéndose a la Reina María Luisa la caprichosa y polícroma labor de aguja sobre seda blanca-marfil. En uno de los techos de la tan primorosa Casita, representó Bayeu la institución de la Orden de Carlos III, asunto, como es sabido, que se trató también en la bóveda del Salón del palacio de Madrid que lleva el nombre de aquel rey.
Tan lujoso merendero, casino o casita real, análoga a la "de Abajo" en El Escorial o la "del Labrador" en Aranjuez, fue construido por el Príncipe y para el Príncipe de Asturias que ciñó después la corona con el nombre de Carlos IV.

El Cristo de El Pardo. Cruzando el Manzanares por el puente de "Capuchinos" se sube al convento de los Padres, fundado en tiempo de Felipe III, desde cuya altura se disfruta de muy bellas vistas. En la iglesia, se contienen varias obras de arte, mencionadas en la Cartilla Tormo, de Lucas Jordán, Francisco Ricci y Nardi (?), y en su capilla propia se venera y admira el famoso y devoto Cristo yacente del escultor vallisoletano Gregorio Hernández o Fernández, insigne artista del primer tercio del siglo XVII.

Torre de La Parada. Mandóla construir Felipe IV, a 3 kilómetros al este de El Pardo, como uno de tantos lugares de reunión o de descanso en el curso de las cacerías; puede que a esto debiese su nombre. Tiene la más culminante y despejada situación entre todas las del bosque inmenso. Hoy se reduce a dos grandes casas de guardas, al extremo norte de espaciosísima lonja empedrada y con bajo y sólido muro rematado por grandes bolas de granito de estilo herreriano. Ofrece el triste aspecto de las grandezas que fueron. Nada menos que Rubens y muchos de sus discípulos adornaron el interior del edificio con lienzos mitológicos que hoy se conservan en el Museo del Prado. Ponz cita otras pinturas existentes aún, en su tiempo, en la Torre, originales y copias, retratos de Personas Reales, alguno obra de Juan Pantoja y de Bartolomé González. Esta casa, como todos los demás palacios, tenía su oratorio propio, pequeñito, con pinturas devotas de Vicente Carducho. Ciertamente que el actual edificio, no da idea, ni remota, de lo que fue.

La Quinta del Duque del Arco. Después del palacio principal es el más importante entre todas las otras casas reales. Situada al sureste, hacia Fuencarral, como a legua y media de Madrid, y media de la población de El Pardo, poseyó también algunos cuadros muy estimables y un "gabinete lleno de dibujos, o pensamientos puestos en papel, de diferentes autores, así españoles como italianos. Entre los retratos seis u ocho originales de Dominico Greco". "Otro de la Barbuda de Segovia, llamada Brígida, que por lo raro y monstruoso de su figura, fue traída a la Corte en tiempo de Felipe II." "En la huerta se cogen regaladas frutas, y sobre todo, el vino moscatel, que se saca de las viñas comprendidas en la cerca de la Quinta, es de lo más exquisito" (Ponz).
La casa, que ofrece el aspecto, ya que no de vivida, de muy visitada, brinda como tema de estudio para las artes industriales, la más interesante y lujosísima colección de papeles Imperio, revestimiento de los muros, alguno de los cuales, por excepción, está forrado en sedas. Así como el edificio, es el jardín, con sus estatuas y cascadas, el mejor entre los propios de estos casinos reales. En esta Casa y en la de Zarzuela, entre restos de muebles y cuadros, se ven sendos retratos del Infante D. Sebastián y grandes litografías que representan a Isabel II y a su marido. A más de la casita real, hay otras ocho para empleados. Toda la posesión tiene cerca-tapia, de ladrillo y piedra, con tres puertas.

Zarzuela. "Fue construida por el Cardenal-Infante D. Fernando, gobernador de Flandes, para solaz y recreo de los cortesanos de Felipe IV, y dio su nombre a ciertos espectáculos lírico-dramáticos que allí se celebraban a principios del siglo XVII. La primera de estas funciones fue, según testimonio recogido por Soriano Fuertes en su Historia de la música española, la ejecutada en 1628 con la representación en dos jornadas de El jardín de Falerina, del insigne Calderón de la Barca, con música de Juan Risco, hombre de grande ingenio y travesura en aquella, especialmente en el género alegre." (Peña y Goñi). Felipe IV adquirió luego la propiedad de la casa, notable, como La Quinta y La Torre de La Parada, por las pinturas que la adornaban. Es la fábrica, como la del primero de los edificios antes citados, de una sola planta baja formando en la totalidad un rectángulo con cinco huecos en la fachada principal; el ingreso por escalinata, con oratorio al frente, en el vestíbulo. Tiene jardín, huerta y Casa de Oficios, propios. Aquel en explanada sobre robustos arcos que forman nichos, a la altura del segundo suelo, aprovechados para el cultivo intenso de violetas. Los papeles de las habitaciones son también muy interesantes aunque algo más modestos y menos típicos que los de La Quinta. Las vistas desde Zarzuela -Madrid se distingue muy bien desde allí- rodeada la casa de flores y de frondosidad, son sumamente deleitosas; en los jardines anidan a sus anchas los ruiseñores. D. Amadeo I cubrió los muros del salón de reuniones con papel pintado que representa asuntos cinegéticos. Son interesantes entre los restos del mobiliario las sillas de Vitoria con tabla central de respaldo, pintada (escenas del Quijote, Robinsón y Telémaco) y una mesa de Comedor, con las patas recortadas.

Chalet del Rincón. Construido modernamente por los señores de Rivas, que tuvieron arrendado aquel cuartel del monte, sencilla y elegantemente amueblado, y con calefacción general; se utiliza en la actualidad para tomar el té la Familia Real y los convidados a las cacerías. Tiene después de la terraza de ingreso, comedor, gabinete, tocador, cocina y office.

En la vaguada de El Cebo se conserva una casita aspillerada con restos de pinturas en la fachada, figurando árboles y matas, ideadas para el engaño de la caza. Cuentan que en este puesto se encerraba Carlos III para matar a mansalva los jabalíes que venían a comer. Por esto se llamaba El Cebo.

En la Majada de las Vacas, extenso llano, solían pastar las reses bravas que tuvo Alfonso XII y allí tentaban y derribaban los aficionados aristócratas, amigos del monarca, como el Marqués de Bogaraya, bajo la dirección de los maestros Lagartijo y Frascuelo. En otro género muy distinto de recuerdos, se conserva junto al gran palacio, en un alto, cierta caseta, visible por el contraste del tejado negro, las paredes blancas y las ventanas verdes, en la que se guarda una máquina de vapor inglesa que movía a bomba centrífuga de eje vertical, todo el aparato ideado por el Rey D. Francisco de Asís para el saneamiento de las humedades de los Sótanos. Fue una de las primeras maquinarias de su clase venidas a España.

Formaban parte de la extensísima propiedad, comprendida bajo el nombre general de El Pardo, varias otras fincas, caseríos y montes de mucha importancia como el de Viñuelas con su castillo. Era conocido aquel, por sus vecinos, con el mote de Ladrón de El Pardo, "por ser el más querencioso bosque de sus cercanías y aprovecharse de la caza". Al Marqués de Laurención -D. Francisco de Uhagón y Guadarmino, actual Director de la Real Academia de la Historia- se debe un interesante folleto, sobre Viñuelas, ilustrado bonitamente con vistas de la misma regia finca, que dedicó al Duque su dueño (Uhagón (Paco), Viñuelas, Madrid, 1899).

Valdelatas. Casa de campo adquirida por Carlos II, desmembrada luego del Patrimonio, conocida hoy por el Real Sanatorio Popular Antituberculoso Victoria Eugenia, que dirige el doctor Codina Castellví, y se sostiene con las limosnas recaudadas todos los años el día de La Fiesta de la Flor. Dependían también de El Pardo, o a él se sumaban, Moraleja, en los términos de San Sebastián de los Reyes, Alcobendas y Hortaleza, que fue del Duque de Benavente y la adquirió al Patrimonio en 1779, y El Goloso que, como la anterior propiedad, ha pasado luego por distintas manos.

Varios puentes notables hay tendidos en el inmenso bosque de El Pardo, reclamando mención muy especial el de San Fernando, construido durante el reinado de Fernando VI, que es de mucho aparato, con seis ojos y las estatuas de dicho Santo y de Santa Bárbara, y el puente sobre el arroyo de Trofa de 320 pies de longitud, por 20 de latitud con 29 ojos.

La agricultura y El Pardo. En 1904 comenzó a recibir impulsos de S. M. el Rey D. Alfonso XIII la Agricultura y la Ganadería en el Real Patrimonio de El Pardo. Como resultado de aquella iniciativa, la Casa Real cultiva en diferentes grandes lotes en el monte, 500 hectáreas de secano, con cerca de alambrada para defender la siembra de la caza mayor y menor. Se cosecha trigo, cebada, avena, centeno, almortas, habas, patatas, garbanzos y algarrobas. El regadío reducido, en 1904, a unas parcelas de poca importancia, se ha extendido extraordinariamente merced a la perforación de 17 pozos artesianos que alcanzan, unos con otros, 110 metros de profundidad y rinden hasta 800 litros por minuto (alguno) con saltos que llegan a más de 20 metros sobre el terreno como el del Puente la Reina. Hay también cuatro instalaciones de bombas electrohidráulicas, de las cuales con los dos grupos más potentes elevan 3.300 y 6.000 litros por minuto, respectivamente. Se espera que la extensión total del regadío llegue a 187 hectáreas. En estas tierras de huerta se recoge trigo, cebada, alfalfa, maíz, nabos, remolacha y hortalizas de consumo corriente. Tanto los cultivos de huerta como los de secano se realizan empleando material agrícola moderno; arados de vertedera, rulos, gradas, sembradoras, cultivadores, segadoras, etc. etc., y una potente trilladora movida por el vapor. Como abono se emplean estiércoles y químicos.

En La Quinta se instaló una almazara, moderna, para la extracción de aceites de olivas, maquinaria que utilizan también algunos vecinos, como el señor Rodríguez San Pedro que envía todos los años a moler su aceituna a la regia fábrica. Las cuadras, establos y otras dependencias agrícolas del Real Patrimonio en El Pardo se modernizaron construyéndose silos a la americana (silos de torre) para almacenar piensos. Tiene la finca vacada para mantenimiento del ganado de labor, y ha vuelto a formarse la muy antigua Cabaña Real Merina, famosa en todo el mundo y originaria de El Escorial. Para el restablecimiento se emplearon reses lanares que regaló el señor Marqués de Perales, procedentes, como las del Duque del Infantado, de la antigua cabaña real deshecha, en el Sitio de San Lorenzo, con motivo del destronamiento de Doña Isabel II.

También hay en El Pardo yeguada militar que se creó, pocos años hace, amparada por el regadío de los pozos artesianos. Se han hecho importantes obras hidráulicas en el cuartel de Zarzuela; presas, conducciones e instalación de una noria moderna muy potente. Los terrenos comprendidos entre Puerta de Hierro, la carretera y el Manzanares, se cedieron al Ayuntamiento de Madrid para viveros y jardines, y casi todo el cuartel de Batuecas, al Madrid Polo-Club, que lo ha embellecido mucho, llevando agua al monte, cuidado del arbolado y formando praderas para aquel juego y los de golf, cricket, foot-ball, tennis, etc., etc. La porción de terrenos restantes fue destinada por D. Alfonso XIII a solaz y esparcimiento de los Boy-Scouts madrileños y a prácticas de carreras de obstáculos de la Escuela Superior de Equitación Militar.

Todos los datos y noticias que preceden relativos a la agricultura en El Pardo, se deben a la amabilidad de D. Rafael Janini Janini, ingeniero agrónomo de la Real Casa y Patrimonio, a quien corresponde la satisfacción de haber realizado cumplidamente las iniciativas de D. Alfonso XIII. Autor además, el señor Janini, de la notable publicación intitulada Riegos con aguas artesianas... (damos de ella papeleta, el la bibliografía con que terminamos el presente artículo) realizó con tal libro, macizado de datos de suma importancia para el cultivo de la tierra, labor de verdadero patriotismo y de suma utilidad, no sólo para la Real Casa si que también para todos los agricultores.

Asilos de El Pardo. En 1869 se crearon por iniciativa de D. Juan Moreno Benítez, Gobernador de la Provincia de Madrid, los Asilos de Mendicidad de San Juan y Santa María. El principal recurso con que contaba esta obra en sus comienzos fue una lotería muy popular suprimida luego por el Ministro de Hacienda D. Juan Francisco Camacho, con motivo de la competencia que hacía aquella a la nacional. Convirtióse entonces en una subvención anual. Actualmente la Asociación Matritense de Caridad contribuye al mantenimiento de los Asilos de El Pardo con una suma fija de gran importancia. En el Ensayo de topografía médica... (Martínez) se dan noticias de los Asilos de San Juan y de Santa María, que son muy renombrados en la provincia de Madrid.

En El Pardo anuló Felipe IV la privanza y poderío del Conde-Duque de Olivares, a quien la posteridad, cebándose en el caído, no hizo ni hace cabal justicia; en El Pardo posaron, antes de sus bodas, las reinas María Cristina Hapsbourgo-Lorena, en 1880, y Victoria Eugenia de Battemberg, y falleció Alfonso XII el 25 de noviembre de 1884.

A El Pardo iban todos los años de merendonas y romerías el día de San Eugenio, con el pretexto de coger bellotas en el monte, los madrileños netos; esta fiesta casi desapareció.

El Pardo, por fin, mediante recientísimo descubrimiento epigráfico, ofrece como una línea interesante para la página estudio de nuestros aborígenes. La nota que sigue es del Doctor D. Manuel Gómez Moreno, autoridad en la materia universalmente conocida.
"Canto rodado de piedra de grano, en una de cuyas caras hay grabado rudamente, a golpes, este letrero:
AESTI
VO MAN
UCIQUM ANNORUM
XXXV
SIT TIBI TERRA LEVIS

o sea: "Estivo, de la gente manúcica; de 35 años; séate la tierra leve."
Es, pues, un epitafio, redactado según patrón romano; pero falta la invocación religiosa a los dioses Manes, como de costumbre en muchas piedras análogas. El tipo de letra es como del siglo I de la era cristiana, aunque bárbaro. El nombre estivo es latino, mas el ir aplicado sin pronombre ni filiación dan indicio de aludirse a persona no urbanizada. El nombre gentilicio manuciqum ya era conocido por otro epitafio, alusivo a un tal Alto, que se descubrió en Brunete (Madrid) y está en el Museo Arqueológico. Recuerda a Menosca, ciudad de los várdulos, gente celta quizá, que habitaba en la actual Guipúzcoa, entre cántabros y vascones. Otros epitafios de la región madrileña ostentan alusiones gentilicias análogas, como elguismiqum, aelariqum, uloqum, dagencium, caubariqum; hay también nombres personales de tipo indígena, como Aplondus, y ostentan las mismas piedras símbolos extraños de carácter religioso, iguales a los de la región del Duero. Ahora bien, epitafios escritos en piedra sin labrar, como este de El Pardo, no son conocidos sino en tierra de Astures y, sobre todo, en los de gente vadiniense, que se conservan muy numerosos en el Museo de León, y proceden de la región montañosa lindante con Asturias y Cantabria.
Todo hace creer que la región madrileña conservó un núcleo de población apenas romanizado, cuyas características inducen a suponerlo de capa céltica. Por consecuencia, el hallazgo de otras inscripciones y de restos humanos bien conservados, pueden ser de gran eficacia para el estudio de nuestros aborígenes, objeto de graves problemas todavía.
Escritores del siglo XVI copiaron inscripciones sepulcrales romanas que entonces se conservaban en edificios madrileños, pocas e insignificantes; todas ellas se perdieron. 3-VII-1918."

Con el plano anterior a la vista pueden localizarse las noticias expuestas en el presente artículo; contiene, aquél, todo lo más esencial y da idea cabal del conjunto, resultando muy claro, no obstante la reducción hecha del original que se conserva en la Real Biblioteca. Quien desee otros pormenores acuda a la obra del Sr. Janini, Riegos... que citamos antes, y después en la Bibliografía. En aquel libro figura otro plano de El Pardo, más reciente y completo, en el que se representan, por manchas verdes, los cultivos del monte, y en colores, de una misma gama, los lotes destinados a la caza.

Bibliografía. Album de la Zarzuela dirigido por Don Eduardo Vélez de Medrano, con la colaboración de Poetas y compositores distinguidos (Madrid, 1857); Archivo General de la Real Casa y Patrimonio (Palacio de Madrid, ángulo norte de la Plaza de Armas). Los documentos relativos al Real Patrimonio de El Pardo comprenden 196 legajos, sin incluir en este número los de cuentas que forman sección aparte. Su manejo es fácil por existir índices cronológico y por materias. Gonzalo Argote de Molina, Libro de la Montería que mandó escrevir el muy alto y muy poderoso Rey Don Alonso de Castilla y de León, Último de este nombre acrecentado por - (Sevilla, 1582);"

5 comentarios:

Diego Ponce dijo...

En aquel libro figura otro plano de El Pardo, más reciente y completo, en el que se representan, por manchas verdes, los cultivos del monte, y en colores, de una misma gama, los lotes destinados a la caza.

Yo tengo ese plano escaneado. Es interesante porque marca las parcelas y los límites entre cuarteles del monte (con algún error). Por lo demás, está copiado del que imprimió la Junta General de Estadística en escala 1:40.000, titulado Mapa del Real Sitio de El Pardo y Viñuelas, en el año 1867.

Diego Ponce dijo...

La información sobre El Pardo que aparece en el Espasa es interesantísima, sin duda.

Sin embargo, me gustaría hacer una aclaración: las localidades donde el Libro de la Montería cuenta que eran las bocerías de Zarzuela -Villamanta, Perales, Valdetablas- están todas en las proximidades de Navalcarnero, es decir, a unos 30 kilómetros en línea recta de la posesión de La Zarzuela en El Pardo. Esto siempre me había desconcertado, aunque con el tiempo supe que el área de influencia del monte de El Pardo era mucho más extensa que la zona que fue reducida a coto redondo cuando se construyó la tapia en 1750. Tengo en mis papeles una lista de guardas del monte de ese año, y los había en pueblos tan lejanos como El Molar, Hoyo de Manzanares, Torrelodones y Boadilla del Monte.

A pesar de lo anterior, estoy convencido de que la Zarzuela que aparece en el Libro de la Montería de Alfonso XI no es la posesión que fue confiscada al comunero Juan Bravo en tiempos de Carlos I, y más tarde anexionada a El Pardo.

Aquella Zarzuela era una población, desaparecida hace mucho tiempo, que estaba en la orilla del río Guadarrama, cerca de un puente en la antigua carretera de Extremadura, que por entonces pasaba por Móstoles - Arroyomolinos - El Álamo - Casarrubios del Monte. Con la fundación de Navalcarnero en 1499 los asentamientos cercanos fueron perdiendo población y algunos, como este de Zarzuela, acabaron desapareciendo.

También abona mi teoría el hecho de que el Libro de la Montería, parte tercera, se refiera a El Pardo y sus cercanías en el capítulo IX, De los montes de tierra de Segovia, e Manzanares, e val de Lozoya. Zarzuela (Çarçuela en grafía de la época) aparece en el capítulo XV, De los montes de tierra de Madrid, e de Alhamin.

Mariano Fernández dijo...

¿Hay algún dato sobre el gentilicio dagencium? ¿Podría referirse al actual Daganzo?
Muchas gracias y saludos.

Isabel Alguacil-paisajista dijo...

¡Qué gran trabajo de documentación Javi..! te felicito por tu trabajo y te pongo en favoritos!
Gracias por tu visita y tu comentario!
Un saludo

Javi Fernández dijo...

Muchas gracias Isabel, tu blog también es muy interesante